Suerte congolesa
24 noviembre 2009
Ayer hablé con la oficina de Londres y me dijeron que esta web está llegando a su fin. Así que si quería colgar algo más, tenía que hacerlo sin demora. Mi misión también está terminando; después de dos meses aquí, sólo me quedan un par de semanas para irme, por lo que espero que me perdonéis si me pongo un poco filosófica.
Pensé en escribir un relato sobre la suerte congoleña. Tuve un buen ejemplo el otro día, cuando me llamaron de un pequeño hospital cercano a Masisi desde donde nos querían referir a un paciente.
Cuando llegué allí, encontré a un joven solo en una sala vacía y muy sucia, con una pierna llena de vendajes. La enfermera me contó su historia. Había ido al mercado, y uno de los soldados apostados allí intentó robarle. En pleno día.
Salió corriendo, y el soldado abrió fuego. Le alcanzaron cuatro balas en una pierna, y le destrozaron el fémur. Obviamente le dolía mucho. Le administré una medicación muy fuerte contra el dolor que llevaba conmigo y le coloqué una férula para inmovilizarle la pierna. Con una pierna rota cada movimiento era una agonía, y para volver a Masisi tuvimos que viajar más de cuatro horas por caminos llenos de surcos y desniveles, que son las carreteras que hay por aquí.
Al final, tras quedarnos atascados en el barro y tener que bajarnos y liberar el coche, tardamos cinco horas en volver y dejarle en manos del equipo quirúrgico para que le intervinieran de urgencia e intentasen salvarle la pierna.
Más tarde, cuando estábamos recogiendo las cosas para regresar a la base, hablé con Carianne, la médico supervisora de MSF. Alta, elegante y una de las médicos más competentes y humanas con los que he trabajado, ella, como yo, había trabajado en proyectos anteriores en Congo.
“Tiene suerte”, me dice. “Ha llegado cuando nos visita el cirujano supervisor de Bruselas. Tiene mucha experiencia, especialmente con heridas de bala. Él se encargará de la operación”.
“Perfecto”, comenté, espabilándome tras nueve horas de viaje, “eso sí que es tener suerte”. Luego reflexioné sobre ello. “Bueno, supongo que esa es de alguna forma la suerte congoleña. En la mayor parte de lugares del mundo diríamos que ser alcanzado por un disparo es ya tener bastante mala suerte, pero aquí en Congo le consideramos afortunado porque, vale, le dispararon, pero lo hicieron justo cuando el jefe de cirugía está en la ciudad”.
Ambos reflexionamos durante un momento. “Sí”, afirma Carianne, y regresamos a nuestras respectivas tareas.
Por motivos similares, a veces me preocupa que se refieran a mí como trabajador humanitario, cuando la única razón por la que estoy aquí es porque la humanidad parece escasear.
Vemos hambrunas o guerras por la tele, y luego generalmente alguna entrevista con una persona de una organización de ayuda. Problema resuelto; alguien como yo está allí gestionando un centro nutricional o practicando cirugía de guerra, y todos nos felicitamos por formar parte de una sociedad humana y generosa.
La suerte congoleña: ser alcanzado por un disparo o pasar hambre, pero que por lo menos alguien esté ahí para arreglar las cosas. Pero la mayoría de hambrunas no ocurren sin injerencias políticas y las guerras no ocurren sin el apoyo o la complicidad política nacional e internacional.
Después de dos misiones en RDC, puedo ver signos esperanzadores aquí. La mayor parte del país está en paz tras años de guerra, y en 2006, se celebraron las primeras elecciones libres desde 1960. El progreso es posible, sin duda.
Sin embargo, aquí en Kivu Norte, la situación sigue siendo tensa y cada vez va a peor. Hace poco le pregunté a un respetado colega congoleño qué pensaba que le deparaba el futuro a Masisi. Me miró con cara de cansancio y me dijo: aquí las cosas son cíclicas.
Estado Crítico puede que esté llegando a su fin, y yo pronto regresaré a mi vida segura y cómoda en Gran Bretaña, pero él seguirá estando aquí, esperando que vuelva a estallar la violencia que desencadene nuevos desplazamientos.
Y sin duda estaremos allí para intentar arreglar las cosas, pero recordad que esto no demuestra la humanidad de nuestra sociedad; es un nuevo episodio de suerte congoleña.











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29 d�cembre 2009
03:54
Lucia
said:
Thank you for this blog post. it’s never easy to be a first-hand witness on the ’shortage of humanity’. Thank you for sharing and for making others aware of what is happening in Masisi.
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6 mars 2010
06:43
Charles Budd
said:
It sounds like you’ve done a hell of a tough job in the DRC, I hope you’re proud of the lives you’ve helped to save and the suffering you’ve eased. You must have so many conflicting emotions about leaving, I don’t envy you. Thanks for doing what you’ve done.
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11 avril 2010
08:17
Molly Barlyn
said:
Thank you first for posting your story. Those of us in the US who sit comfortably in the air conditioning, stomachs full of food with children sleeping safely in their beds cannot truly get a feel for what these people (especially the mother’s) who have children missing or killed or have been raped once or multiple times must be feeling. Such atrocities that MSF reports and the sheer fear that they live in every day is horrific and I just want you to know that I do so appreciate your time, energy, love and effort that you show by giving this time in your life to someone else to help. Your work is acknowledged and those of us who can only donate dollars and not time are truly grateful for those who can give of their time. Thank you again and keep posting your stories.