La violencia se extiende en el norte del Congo. La población necesita asistencia de forma apremiante
14 octubre 2009
Kinshasa, 14 de octubre de 2009 – Un año después del estallido de la violencia en el distrito de Haut-Uélé, en el norte de la República Democrática del Congo (RDC), los ataques y los enfrentamientos se han extendido a nuevas zonas, obligando a cientos de miles de personas a huir. La organización médico-humanitaria Médicos Sin Fronteras (MSF) reclama un incremento urgente de la asistencia en las zonas rurales de Haut-Uélé y Bas-Uélé, donde los actores humanitarios no han podido responder a las enormes necesidades que ha provocado la violencia.
Desde finales de 2008, la población civil de Haut-Uélé y de Bas-Uélé vive atrapada por los violentos ataques del grupo rebelde ugandés Ejército de Resistencia del Señor (Lord’s Resistance Army o LRA), y la ofensiva ugandesa y congoleña contra los rebeldes. A medida que la situación se deteriora, la población también debe hacer frente a un bandidaje cada vez mayor.
“La población local es el blanco de la violencia, los secuestros y el abuso sexual”, declara Luis Encinas, coordinador de las operaciones de MSF en África Central. “Hablando de tácticas de violencia que tiene como objetivo sembrar el miedo en la población. Nuestros pacientes relatan las historias más brutales; niños que han sido obligados a matar a sus padres y gente quemada viva dentro de sus propias casas”.
La violencia y los enfrentamientos armados se han extendido gradualmente. Actualmente afectan al noreste de RDC, desde Haut-Uélé a Bas-Uélé, así como a las regiones vecinas del sur de Sudán y al este de la República Centroafricana.
A lo largo del año, cientos de miles de personas han tenido que desplazarse. Los continuos ataques siguen expulsando a miles de civiles hacia las ciudades en busca de refugio y mayor seguridad. La población de la ciudad de Doruma se ha triplicado; las ciudades de Gangala y Banda acogen a 20.000 desplazados sin asistencia cada una. Estas localidades se han convertido en enclaves rodeados de tierras y aldeas que han quedado desiertas.
En varios lugares como Dingila o Niangara, MSF sigue siendo la única organización humanitaria presente. “Cada día se desplazan nuevas personas en la región”, explica Pierre Kernen, coordinador de MSF en Niangara, una ciudad situada al oeste de Haut-Uélé. “Se han visto obligadas a huir una, dos, tres veces… Han buscado refugio con familias locales o en edificios vacíos pero ni así consiguen sentirse seguras. MSF está proporcionando atención médica y psicológica, pero tenemos nuestras limitaciones. Estas personas también necesitan con urgencia alimentos, agua limpia, abrigo y unas condiciones de vida adecuadas”.
Debido a la inseguridad y a la ausencia de carreteras en estas zonas tan aisladas, MSF ha tenido que utilizar aviones para hacer llegar suministros, medicamentos y personal a la mayoría de sus proyectos. “Dar asistencia humanitaria a la población de esta región es todo un reto, pero creemos que puede y debe hacerse mucho más para responder a las consecuencias que esta guerra tiene para la población. Las organizaciones humanitarias deberían responder urgentemente a las necesidades de las personas en las zonas más afectadas por los enfrentamientos y hasta ahora olvidadas”, concluye Encinas.
Actualmente, MSF trabaja en Dingila, Doruma, Dungu, Duru, Faradje y Niangara, donde realiza más de 9.000 consultas médicas mensuales en hospitales y centros de salud. MSF también ha distribuido artículos de primera necesidad a unas 16.000 personas desplazadas por la violencia, a quienes también ha vacunado y prestado apoyo a la salud mental. Actualmente, 27 trabajadores internacionales y 140 congoleños están asistiendo a la población en los proyectos de MSF en Haut-Uélé y en Bas-Uélé.










