Tratando a quemados en Rutshuru
24 noviembre 2009
La guerra de guerrillas ha sustituido a los enfrentamientos armados en Kivu Norte, República Democrática del Congo, y el incendio de las aldeas está ahora a la orden del día. Los combatientes lanzan ataques y siembran el terror, saqueando e incendiando las casas. Así es como esta joven quedó atrapada entre las llamas en su casa. Padece quemaduras de segundo grado en el 40% de su cuerpo y ha sido tratada en el hospital de Rutshuru en la unidad de quemados durante cuatro largos meses.
Las quemaduras también pueden ser accidentales. No hay electricidad en las aldeas de Kivu Norte y todos se reúnen en torno al fuego. Cuando personas epilépticas tienen un ataque y convulsionan suelen caerse en el fuego y se queman. Los niños más pequeños pueden caerse encima de la olla en la que la madre hierve el maíz o la mandioca. Este tipo de accidentes son especialmente frecuentes entre personas desplazadas en campos esparcidos por la provincia del este de RDC, un lugar devastado por un conflicto armado, donde las condiciones de vida son extremadamente rudimentarias.
Meshak tiene 3 años. Se quemó cuando se volcó una olla con harina de maíz. El pequeño fue hospitalizado a finales de julio en Rutshuru, donde llegó con quemaduras de segundo grado en un 30% de su cuerpo. Está ingresado en la unidad de quemados que MSF ha abierto para estos pacientes. Pero el tratamiento es largo porque al principio perdió mucho líquido. Tuvieron que hacerle dos transfusiones y alimentarle mediante una sonda nasogástrica. Como la mayoría de pacientes jóvenes quemados, padece anemia, lo que debilita el sistema inmunológico. Pero ahora ya come bien y está ganando peso.
Léonie es tres meses mayor que Meshak. Padece quemaduras de tercer grado en un 60% de su cuerpo y ha perdido mucho peso. Cuando fue admitida a mediados de agosto, pesaba 16 kilos. Dos meses más tarde, había perdido 9 kilos. En el quirófano le cambian los vendajes con frecuencia, “bajo anestesia”, aclara la enfermera. “De otra forma, grita”. Sin embargo, Léonie todavía no está fuera de peligro.
“El problema es que los pacientes quemados generalmente padecen infecciones importantes cuando llegan”, explica Richard, el médico anestesista del hospital de Rutshuru, quien es responsable de la unidad de quemados. “Cuando desbridamos sus heridas, es decir, cuando las limpiamos, se convierten en heridas de tercer grado. Ya no tienen epidermis o dermis y sangran”. Una vez que las heridas están limpias y vendadas, los cirujanos pueden practicar injertos, pero para ello deben tener zonas de piel sana.
La apertura de la unidad de quemados en agosto supuso un importante avance. La unidad posibilita el aislamiento de los quemados de otros pacientes y les mantiene en un entorno aséptico. Para entrar en la sala, por ejemplo, las madres deben llevar zapatos especiales y una bata de hospital (en la unidad de quemados hay varios niños muy pequeños ingresados). Hay pocos adultos, pero éstos también necesitan asistencia, como esta muchacha que se quemó casi toda la cara. Para ayudarla a controlar los movimientos de la boca, un fisioterapeuta la visita regularmente. Éste también ayuda al niño a ganar movilidad en la pierna. El psicólogo de MSF ve a estos pacientes para ayudar a reforzar su conexión con la vida.
Françoise
Cuando huían los hombres armados quemaron su casa tras saquear la aldea. Atrapada dentro, Françoise, una joven madre, recibió quemaduras de segundo grado en la espalda, en ambos brazos, en la cabeza y en la parte de arriba de la cara. Uno de sus hijos murió en el incendio. Françoise fue referida al hospital de Rutshuru en una ambulancia de MSF con su otro hijo, que, sin embargo, murió poco después. Françoise pasó casi un mes en cuidados intensivos, boca abajo. Luego recibió tratamiento durante tres meses en la unidad de quemados. Su pronóstico no era nada bueno, pero recibió toda la atención disponible: desbridamiento de heridas, injertos de piel, fisioterapia y sesiones con un psicólogo. Fue dada de alta en septiembre. Ahora todavía está discapacitada, con poca movilidad en la mano derecha, pero ha recuperado el 80% de movilidad del codo y los hombros. Y ahora ya empieza a andar.










