Mujeres orgullosas
9 March 2009
Hace tres meses escribí:
“He visto a muchas pasar estas últimas semanas. Mujeres mayores, chicas jóvenes, mujeres de mi misma edad. Mujeres de todos los grupos implicados en este conflicto. En sus caras se puede ver el trauma, el miedo y la vergüenza. A veces no expresan nada. Para mí también es difícil decir lo que me hace sentir: incredulidad, impotencia, incomprensión.
“Incredulidad porque no puedo entender cómo una persona, cómo un hombre puede hacerle esto a una mujer. Impotencia porque ésta es la realidad de este mundo. Una realidad que sigue abofeteándome y me deja sin palabras ante esta mujer. Incomprensión porque no puedo llegar a saber cómo afecta una experiencia así.
“La chica de 14 años fue violada durante el saqueo de su pueblo. A la mujer embarazada la violaron delante de su marido. La viuda fue violada y humillada por un grupo de hombres para vengarse de un pariente acusado de tener contactos con otro grupo armado. Y luego está la mujer de mi edad: tiene una herida de bala en el muslo; intentó resistirse.
“Atendemos a estas mujeres, curamos sus heridas, les ponemos inyecciones y les damos píldoras para prevenir las infecciones de transmisión sexual y el VIH. Pero algunas heridas no se curan nunca…”
Desde enero, tengo un nuevo trabajo aparte del que hago habitualmente en el hospital. Soy responsable de la clínica de MSF/SOPROP (Solidarité pour la promotion sociale et la paix), donde ofrecemos asistencia a víctimas de violencia sexual. Acepté el puesto con sentimientos contradictorios. Por un lado, estaba muy motivada y decidida porque aquí hay una gran necesidad de este tipo de ayuda. Por otro, me sentía insegura, porque era una gran responsabilidad que me desbordaba emocionalmente. Tras una mañana de historias y testimonios de pacientes, no me pude recuperar en todo el día.
Pero ahora estoy orgullosa de haber dado un paso adelante. El equipo está trabajando duro para dar a conocer la clínica entre la población y que la gente sepa dónde puede conseguir ayuda. También hemos abierto sesiones de grupo donde las mujeres pueden compartir sus experiencias. Escucharlas también nos sirve para mejorar la atención que prestamos.
La cosa empieza a funcionar. El martes pasado aparecieron 16 mujeres. Tímida y silenciosamente, entraron una por una. Algunas parecían estar completamente rotas, otras daban un profundo suspiro y se encogían de hombros. Yo estaba nerviosa: me costaba ver a todas esas mujeres sabiendo el daño que habían sufrido; me sentía impotente.
Empezamos tomando una taza de té. La conversación se fue desenvolviendo con suavidad. Entonces algunas mujeres empezaron a contestar las preguntas que habían hecho las enfermeras. Otras seguían en silencio, pero escuchaban con interés. Poco a poco, más mujeres fueron hablando y el grupo se empezó a relajar. Al cabo de una hora se había producido una completa transformación. Nos reíamos y lo pasábamos bien juntas. Pasé el resto del día con la sonrisa puesta. Estaba muy orgullosa de mi equipo de SOPROP y del grupo de mujeres, de la sola idea de haber conseguido algo así juntas.
El domingo 8 de marzo es el Día Internacional de la Mujer. El equipo está organizando un acto para ese día. Todas las enfermeras y las mujeres atendidas en la clínica SOPROP saldremos a la calle vestidas iguales. Haremos una marcha por Mweso y presentaremos nuestras actividades a través de pequeñas piezas teatrales.
Espero que todas y cada una estén orgullosas de sí mismas cuando avancemos juntas por las calles. Y que ese orgullo se les vea en la cara, para dar esperanza y coraje a todas las mujeres que aún no han buscado ayuda.
Pero ese día habrá una especialmente orgullosa. Y ésa seré yo, por poder caminar al lado de mujeres tan hermosas y valientes.
Maartje










