Más de 6.700 víctimas de violencia sexual atendidas en 2008
5 marzo 2009
Los combates continúan tras 15 años de conflicto armado en la región congoleña de los Kivus, dejando un trágico balance de muertos y heridos entre la población civil. Pero otra forma de violencia, mucho menos visible, destruye un número incalculable de vidas. Es la violación, un fenómeno muy extendido en las provincias de Kivu Norte y Kivu Sur.
“La violación está claramente vinculada al conflicto”, explica a Romain Gitenet, coordinador general de MSF en Kivu Norte. “La mayoría de violaciones las cometen hombres armados, a menudo, durante los saqueos de aldeas”.
Las mujeres son consideradas como botín de guerra, igual que las posesiones o las reservas de comida. También se las puede ver como integrantes del grupo armado que controla la zona donde viven y convertirse en objetivo de otros grupos enemigos.
Cuando van a los campos o al mercado, cuando caminan por la carretera, las mujeres corren el riesgo de cruzarse con hombres uniformados y ser atacadas. Hombres armados también pueden irrumpir en plena noche en aldeas o campos de desplazados y entrar en las casas por la fuerza. Mujeres y chicas muy jóvenes pueden ser presa de los combatientes.
¿Cuántas mujeres? ¿Cuántos hombres? Nadie lo sabe. MSF sólo puede decir el número de personas que reciben tratamiento en sus proyectos. Durante el año 2008, los equipos médicos de la organización atendieron a 6.702 víctimas de violencia sexual.
Aunque la cifra es considerable, sólo muestra una parte de la realidad. Las mujeres se resisten a contar lo que han sufrido porque temen el rechazo de sus comunidades o el repudio de sus familias, así que no van al hospital en busca de atención médica. Se sienten culpables. En la mayoría de los casos, los hombres piensan que es culpa de la mujer y que la violación no ha sido accidental. A menudo, la comunidad y la familia piensan lo mismo.
En cambio, otras mujeres que han oído hablar de nuestro trabajo en la radio o hasta en la iglesia quisieran recibir tratamiento, pero no van a los centros de salud porque viven demasiado lejos y temen ser atacadas por el camino. Incluso en tiempos de calma relativa, cuando dejan de oírse disparos, la inseguridad sigue siendo alta. La violencia no cesa. Los hombres armados están allí, omnipresentes.
Visita la página web “Vidas destrozadas. La atención médica inmediata, vital para las víctimas de violencia sexual”: www.msf.es/sites/vidas-destrozadas/










