Cirugía de emergencia en Rutshuru
24 noviembre 2009
“En el hospital de Rutshuru, practicamos toda clase de intervenciones quirúrgicas, desde cesáreas a fracturas abiertas, peritonitis, rupturas uterinas, heridas en el abdomen y rupturas de bazo”. Las operaciones son tantas y tan variadas que Claude, un cirujano congoleño que trabaja con MSF en Rutshuru desde hace dos años, no puede enumerarlas todas. Como media, el departamento de cirugía practica 98 operaciones cada semana. La presión es constante. El conflicto armado asola la provincia congoleña de Kivu Norte, donde está situado Rutshuru, provocando constantes movimientos de población.
Debido a esta situación, MSF ha abierto un segundo quirófano en el que también se hacen vendajes a quemados. El equipamiento es el mismo que el del primer quirófano: extractor de oxígeno, máquina de anestesia con halotano (un gas anestésico), respirador Monal, monitor multifunciones (para medir el puso, la tensión y la concentración de oxígeno y gas carbónico), ventilador y jeringuilla eléctrica. Tres equipos quirúrgicos se van rotando entre los dos quirófanos. “Trabajamos siete días a la semana”, explica Claude. “Hacemos guardias de noche cada tres noches y es muy poco habitual que sean guardias tranquilas”. El trabajo no se detiene ni un instante durante el día. “Todo funciona sin problemas”, añade Ian, un cirujano checo. “No hay pausas entre las intervenciones”.
Esta es otra muestra de la diversidad de los programas quirúrgicos; los cirujanos provienen de todo el mundo, incluyendo la República Democrática del Congo, Canadá, Alemania, India, la República Checa, Francia, Georgia y Estados Unidos. Pero todos hablan francés. Incluso si practican la medicina de forma algo distinta unos de otros –por ejemplo, los americanos no intuban como los franceses– tienen que entenderse entre ellos y adaptarse. Los cirujanos, como los anestesistas, siguen los protocolos de MSF. Además, explica Claude, el director del servicio: “Hay cirujanos con especialidades muy concretas que no saben cómo se practica una cesárea, pero si han seguido la formación estándar, se las arreglan y se ayudan unos a otros”.
La especialización es la norma hoy en día. “Ahora es lo que hay, aunque gente algo más mayor como yo tenemos una experiencia más amplia y variada”, declara Michael, cirujano en un hospital en Oregón, Estados Unidos. Desde su primera misión en Etiopía en 2001, ha salido al terreno con MSF cada dos años. Se coge un mes de vacaciones para poder incorporarse a misiones quirúrgicas de un mes de duración. Michael tiene estas ‘vaciones’ en gran estima.
El personal congoleño –cirujanos, anestesistas y enfermeras de quirófano– está muy adaptado y sabe cómo responder a situaciones críticas. A finales de 2008, cuando los rebeldes del Congreso Nacional para la Defensa de Pueblo (CNDP) lanzaron una gran ofensiva contra el ejército congoleño, el equipo quirúrgico permaneció in situ tratando a multitud de heridos. “Durante periodos normales, vemos aproximadamente 15 heridos de bala al mes”, cuenta Paul, enfermero anestesista. “Entonces vimos 40 en dos horas en un mismo día. Otro día, en octubre de 2008, tratamos a 85 heridos”.
Actualmente, los rebeldes ya no ocupan la ciudad de Rutshuru. Las líneas del frente no están claras. Pero aunque haya cambiado la naturaleza del conflicto, la población todavía sigue haciendo frente a la violencia de forma regular. Aunque los enfrentamientos entre el ejército congoleño y las Fuerzas Democráticas de Liberación del Congo (FDLR) ocurren algo más lejos, al hospital siguen llegando heridos de bala. En octubre, hubo 30. Fue entonces cuando el equipo aplicó un principio básico de cirugía de guerra: desbridamiento de las heridas. “Para impedir que la herida se infecte, la dejamos abierta durante cinco días y luego la cerramos”, explica Richard, médico anestesista.
Además, las cesáreas representan una parte importante de la actividad y constituyen casi una tercera parte de las intervenciones. Las mujeres a menudo llegan de lejos, a través del sistema de ambulancias montado por MSF. Si la enfermera en el centro de salud no puede tratar a un paciente, lo notifica a MSF, que enviará una ambulancia. Pero el centro de salud de la mujer puede ser proactivo también. Las mujeres con embarazados complicados pueden albergarse en la “aldea de las madres”, una sección a parte del hospital donde pueden quedarse hasta que dan a luz.
En función de la disponibilidad, a veces se cuenta con la presencia de un especialista en ginecología y obstetricia que ayuda a reducir la carga de trabajo de los cirujanos, lo que también naturalmente incluye la monitorización del postoperatorio, incluyendo a 24 pacientes ortopédicos, a 50 pacientes más divididos entre dos salas quirúrgicas cuyas heridas, injertos de piel y movilidad de miembros deben ser motivo de constante monitorización y a 9 pacientes en la nueva unidad de quemados.










