El reto de evaluar el dolor
24 November 2009
Una mujer necesitaba tratamiento de emergencia para una ruptura uterina. MSF envió una ambulancia para que la llevase al hospital de Nyanzale en Kivu Norte. El viaje en un 4X4 duró dos horas por carreteras llenas de baches y desniveles. Pero la mujer no dijo ni una palabra. “No se quejó de dolor ni una sola vez, no dijo ni una palabra – y seguro que tuvo que sufrir mucho con el útero roto,” recuerda la enfermera de MSF que la acompañó.
Estos casos son frecuentes en esta provincia del este de la República Democrática del Congo, asolada durante años por un duro conflicto. Los equipos de MSF suelen ver a pacientes con la misma actitud estoica de esta mujer, pero esto en realidad supone un problema. “El dolor es una noción muy subjetiva y evaluarlo y tratarlo adecuadamente requieren la cooperación del paciente,” explica Richard quien, como médico anestesista en el hospital de Rutshuru, es responsable del manejo del dolor. Pero los pacientes no dicen nada. “Si les preguntas si sienten dolor, suelen decir que no,” señala.
La cuestión es mucho más compleja de lo que parece. Los pacientes en esta región no están acostumbrados a que nadie les pregunte si sienten dolor o a que se les trate por ello. Y lo que es más, puede que entiendan la pregunta como que se está preguntando por algo más que el propio dolor, englobando a todo el tratamiento. Dados los problemas asociados a la descripción y expresión del dolor, puede resultar difícil para el personal sanitario evaluarlo.
Por eso deben perseverar y esforzarse más para llegar a los pacientes utilizando herramientas estándares como la “simple escala verbal” y los signos clínicos. Incorporando la historia del paciente, la naturaleza de su intervención y naturalmente los signos vitales pueden ayudar a superar los problemas asociados a la cuantificación del dolor. Para asegurar un tratamiento adecuado, Richard administra analgésicos sistemáticamente. “Esto previene todo tipo de trastorno psicopatológico que el dolor puede causar al organismo, particularmente entre los pacientes que han sido intervenidos,” explica.
Cuando el paciente recibe analgésicos o se refiere al dolor, el médico o enfermera pueden utilizar la simple escala verbal para medirlo. Esta escala cuantifica la intensidad del dolor en una escala del 1 al 3, basándose en la información proporcionada por el paciente. La respuesta y los resultados se anotan en la historia del paciente y se utilizará para adaptar el tratamiento. Los equipos de MSF empezaron a utilizar esta herramienta en el hospital de Rutshuru cuando empezaron a trabajar allí en 2005. El personal médico ahora está concienciado a cerca del tratamiento del dolor y sabe que es un signo vital – al igual que el pulso, la tensión, la temperatura y la frecuencia respiratoria.
Esta mujer con cáncer de mama desde hacía varios meses se había cerrado por completo. Al cuidado (más o menos) de su marido, ya no se expresaba ni pedía nada. Sin embargo, apenas dormía debido al dolor. Una enfermera consiguió convencerla para que fuese al hospital de Rutshuru. Tras evaluarla, el equipo de MSF le administró analgésicos de forma regular. “Ahora vemos a esta mujer de forma habitual,” explica el doctor Richard. “No sólo ya puede dormir, sino que además vuelve a sonreír. Y algunos de sus vecinos han venido al hospital para agradecernos que la ayudásemos.” Como queriendo decir que el tratamiento realmente ha mejorado su situación.










